HACIA UNA DEMOCRACIA REAL
Posted by admin - 02/05/07 at 07:05:16 pmEl avance de las naciones y por consiguiente la evolución del sistema democrático marcó una nueva dinámica en el Campo Político: el de la “representación política”. Como dijera Andrés Malamud en “Introducción a la ciencia política”, la misma era -y aún hoy sigue siendo- “el mecanismo por el que las naciones pasaban la frontera histórica y teórica entre la democracia antigua o directa y la moderna o representativa”. La Constitución Argentina de 1853, sería la herramienta por la cual nuestro país marcaría esa frontera entre “lo viejo y lo nuevo” en las formas de entender y actuar en el plano político institucional. La reforma del ’94 avanza incluyendo mecanismos de democracia semidirecta con la intención de fortalecer y/o complementar el concepto de representación.
Desde 1853 hasta hoy, muchos han sido los acontecimientos que pusieron en jaque dicha concepción. Seis Golpes militares a lo largo del siglo XX que excedieron ampliamente este marco llevándose puesto todo, hasta la vida, inscribiéndose en las páginas más negras de la historia argentina contemporánea. Aunque en un plano totalmente distinto y obviamente sin parangón con lo sucedido en los gobiernos de facto, una vez superada esa etapa, y estando en pleno ejercicio de las libertades, los crecientes declives sufridos en las ultimas décadas que devinieron en una fuerte crisis de representatividad, envolvió a la Argentina en un ambiente sociopolítico que tuvo su punto cúlmine en la fenomenal crisis de diciembre de 2001 y cuya manifestación mas representativa fue “que se vayan todos”.
Cuando el concepto de representatividad se quiebra se pone en riesgo al propio sistema democrático. Si en la década de los ’90 la deshumanización de la política no hubiera llegado a un punto tal como para aceptar ser cooptada por el mercado; si el gobierno de la Alianza, convocado con la misión histórica de revertir esa situación, no hubiera claudicado –como de hecho lo hizo- las circunstancias seguramente hubieran sido otras.
Las leyes del mercado lograron forzar todo el andamiaje constitucional, es decir las reglas de convivencia básicas que toda sociedad organizada se da a sí misma no solo para preservarse sino y fundamentalmente para desarrollar la calidad de vida de cada uno de sus integrantes.
Por ello, la Democracia no debe –ni puede- quedarse sólo en las formas, sino que además debe ser activa y realizarse en todos sus aspectos. Esto es lo que hace la diferencia entre la Democracia Formal y Democracia Real, haciendo una salvedad: no es concebible una democracia real sin la existencia a priori de la democracia formal, la cual requiere un respeto irrestricto a las instituciones.
Nuestra Constitución Nacional no solo define el diseño político institucional y la funcionalidad de los diferentes órganos que lo componen, sino que a priori señala qué destino u objeto debe realizarse a través del mismo. Es así que en su Preámbulo dice: “… Constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, proveer al bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres que quieran abitar suelo argentino.” La tarea permanente de la política debe estar dirigida entonces a que cada habitante de nuestro país sea efectivamente destinatario y acreedor de lo que allí se plantea.
Permítaseme una disgresión, lo que estamos aseverando aquí hecha por tierra la calificación de formalistas que algunos nos achacan, quizás porque nunca interpretaron por qué, en el año ’83, el entonces candidato a presidente Raúl Alfonsín repetía de manera incansable el Preámbulo de la Constitución Nacional.
En los tiempos que se viven, con modelos de construcción política donde no se valoran las formas y donde se desdibujan los contenidos, puede resultar sumamente conveniente agregar a la calificación de formalistas la de anacrónicos. Pero para nosotros, por convicción y justamente por la enorme cantidad de temas pendientes, aferrarnos a estos principios, más que anacrónico una vez más aparece como algo verdaderamente revolucionario.
PATRICIA PANZONI
DIPUTADA NACIONAL
U.C.R
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