Que tu fuerza y tu bronca no quede en nada…
Posted by - 31/03/08 at 06:03:21 pmY después del cacerolazo ¿qué?
Por Sebastián García Díaz
Presidente de Primero la Gente
Más allá de la protesta del campo y sus reclamos legítimos ¡qué alegría produce ver despertar otra vez a los argentinos independientes -la gloriosa y golpeada clase media- y tomar nuevamente sus cacerolas en forma espontánea!
Parecía que, de tan dormidos, la ciudadanía en nuestro país -en Córdoba particularmente- tal vez había muerto. Demasiadas decepciones desde aquellos días del “que se vayan todos”. Demasiada mentira, corrupción y descaro.
Pero estamos vivos. Hay una esperanza latente aún: que el protagonismo de la gente común, pueda producir un cambio profundo en esta argentina pujante, pero -paradójicamente- decadente.
Tiemblan los políticos que vieron el 2002 sólo como un espasmo, una reacción de “corralito”. Tiemblan los que pensaban tranquilos que el poder había vuelto a estar reservado sólo a los grupos de matones y corruptos organizados a base de clientelismo y robo al Estado. Tiemblan también los que se les había hecho un callo, de tanto arrodillarse ante el poder hegemónico que ha avasallado todas las reglas básicas de la república.
Frente a esta buena noticia, la docena de jóvenes que en su momento fundamos Primero la Gente, tenemos un consejo para dar, con toda humildad, pero también con mucha autoridad. Porque en aquellas cacerolas, dimos el paso que casi nadie dio después: organizar nuestra participación y comprometer nuestras vidas a producir un cambio desde dentro del sistema político y de abajo hacia arriba.
Cuando todo cayó -los sucesivos presidentes, la moneda, el sistema bancario, la credibilidad- en aquellos días terribles, sentimos la impotencia de no estar organizados políticamente para poder enfrentar semejante descalabro. La cerrazón de las estructuras políticas tradicionales impedía cualquier intento de participación.
Por eso, después de “cacerolear” unos días, no nos volvimos a nuestras casas, como sucedió con la mayoría. Encaramos la fangosa tarea de meternos en política, organizarnos, abandonar nuestras comodidades profesionales y familiares, dejar de ser “jóvenes sobresalientes” para pasar a ser cualquier cosa menos felicitados por nuestra decisión.
Y aprendimos mucho. Al reunir durante meses nuestras 5.000 afiliaciones en la calle, en los ómnibus, en la peatonal. Aprendimos del contacto con la gente. Sufrimos a la prensa. Nos forjamos defendiendo posiciones, muchas veces antipáticas a la opinión mayoritaria, pero fundadas en nuestros valores. Incluso aprendimos de los errores. Lo doloroso que es, para una fuerza joven y naciente, los procesos de alianzas con partidos y caudillos que en cualquier esquina se borocotizan, aun cuando la realidad confirma que la única forma de ser opción de poder es aglutinando voluntades para crear una fuerza alternativa poderosa.
En la primera elección en la que nos presentamos, no teníamos un programa detallado. Ni siquiera teníamos local y teléfono. Sólo unos pesos reunidos entre todos los miembros para pagar las boletas. Y una bandera de media cuadra de largo que gritaba: “Primero la gente, no los políticos”. En la segunda elección salimos a proyectar el partido en toda la provincia (es difícil enumerar cuántos viajes son necesarios para lograrlo).
En la última elección ya pudimos presentar un equipo consolidado, un programa de gobierno detallado y el reconocimiento, no tal vez de las grandes mayorías votantes, pero sí de las personas que nos han visto trabajar sin descanso durante estos 5 años. Ya hay una juventud partidaria consolidada, dirigentes en el interior, extrapartidarios que adhieren y un centenar de acciones políticas, sociales y también de formación como antecedentes directos. El partido, legal y contablemente al día y en orden, está preparado. Está fundado, por decirlo de alguna manera.
Y es por toda esta experiencia de gran aprendizaje, que nos paramos frente a los nuevos cacerolazos y con toda alegría -y expectativa- dejamos el consejo prometido. Que el espíritu ciudadano que se despertó en estos días no quede en la nada. No sólo los que fueron a la plaza sino también los centenares de mails y sms con tomas de posición e invitaciones a participar que enviaron amigos que hace unos meses no había forma de que se comprometieran. Que no sea un nuevo espasmo.
Que tampoco sea una inspiración errada para que miles de potenciales dirigentes, repitan el esfuerzo de estructurar lo que nosotros ya hicimos y otros tantos (no en vano hay más de 50 partidos en Córdoba). Nuestras puertas están abiertas.
La indignación de las cacerolas puede aprovecharse y canalizarse por estos nuevos canales políticos para participar. Hay de todo tipo y variante (con muy poco esfuerzo podrán diferenciar los que son proyectos reales de los que son una simple cáscara).
Eso sí: aquellos que se decidan deben armarse de paciencia. Las reuniones políticas no son ni tan rápidas como en las empresas, ni fluyen con la misma dinámica que una ong (donde el objetivo es uno), ni los participantes son todos “del mismo palo” como en un grupo de amigos, ni todos tienen los mismos valores como en una parroquia. No es tan fácil conseguir recursos para financiar actividades, ni apoyos como cuando uno trabaja a nivel social o comunitario. Aquí todo es más difícil. En definitiva, la política es ese misterio por el cuál una persona logra influir sobre otra y determinarla para una acción unificada. Y una herramienta tan peligrosa tiene sus cuitas.
Superar el populismo por políticas que devuelvan a las personas el protagonismo, que les reconozcan leal y realmente el mérito y el esfuerzo, las defiendan del atropello de las corporaciones (económicas, políticas y sindicales) y les garanticen las suficientes oportunidades para realizarse en este mundo que indefectiblemente será globalizado. Todo eso no se hace con una cacerola, aunque la reacción sea un excelente comienzo.
Esta vez proyectemos nuestra participación en el día después. La base está. Sólo se necesitan nuevos dirigentes y nuevos ciudadanos dispuestos a meterse. De nuestra parte, la invitación está hecha.
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